Zapatos ajenos (o la
conciencia intranquila)
ELLA, fumando nerviosa mientras lo espera en un bar.
“Todavía no puedo creer que
me haya hecho ésto. ¡Siento una impotencia, no sé qué hacer! Haga lo que haga
no voy a quedar bien parada. ¿Para qué lo llamé? Hubiera dejado todo así. ¿Es que no me basta con haberlo descubierto?
No. Tengo que decírselo. Se creerá más inteligente si supone que se salió con
la suya. No lo puedo permitir.
¡Nunca pensé que me pasaría a mí! O a él. Creí ser la más inteligente de
los dos. Pero no, hasta que no me pasó a
mí, no supe que a él ya le había pasado. Solamente pude reconocer las huellas
que fue dejando después de haberme calzado sus zapatos. Detalles imperceptibles
para el que nunca anduvo ese camino… Estoy atada a lo que hice y a lo que sé. Ahora
está por llegar y todavía no me decido.
Me consumen las ganas de exponerlo aunque no tengo nada que ganar… ¿Pero
si no es tan estúpido y está esperando que yo hable primero para echarme en
cara lo que hice?”
ÉL, pensando mientras va a
encontrarse con ELLA.
“Para mí que sabe. Si no,
para qué me va a invitar a encontrarnos en un bar. Hubiéramos hablado en la
empresa como siempre. Algo pasa. ¡Pero si será caradura! Si me acusa le voy a
decir que sé lo que hizo ella. ¿Qué cómo lo sé? Reconozco que si no me hubiera
pasado lo mismo a mí antes, no me habría dado cuenta. Raro como salieron las
cosas. ¿Qué hago ahora? No, no puedo
acusarla sin delatarme. Es inteligente, me va a hacer caer. A otra le podría
negar todo. Pero a ella… Además si ya lo sabe, qué le voy a negar. Y si acepto mi culpa… No… No hay salida … Aunque
a lo mejor no es tan inteligente como parece… ”
ÉL llega. ELLA le
sonríe. La charla es casual pero forzada.
Los dos disimulan bien pero están alertas, a la defensiva. Se van terminando el
café entre comentarios sin importancia y chismes de oficina. La incomodidad va
desapareciendo. El tiempo pasa rápido y al final los dos se sienten seguros.
ELLA se despide, aliviada –
¡Te veo el lunes!
ÉL se despide, confiado -
¡Por supuesto!
ÉL piensa “Qué tarado soy, casi le digo todo…menos mal
que lo único que quería era verme lejos del trabajo. Jajaja, no es tan
inteligente como yo pensaba”
ELLA se queda sola en el
bar, pensando.
“Menos mal que no le dije
nada. Es tan estúpido como creía. A veces quisiera ser menos inteligente ¿Este será
el castigo por mi soberbia? ¡Y por no tener la conciencia tranquila! Mejor sería
no haber descubierto nada. Hoy andaría más ¿feliz? No sé si feliz, pero preferiría
no saber lo que es andar con zapatos ajenos.”