Mariposas
- ¿Sabés lo que pasa?- le dijo, riéndose, sin saber
cuánto daño le causaba. -¡Tenés la cabeza llena de pajaritos! -
- ¡No son pajaritos, son… mariposas! – comenzó la frase
gritando pero la última palabra se le ahogó en el llanto que venía conteniendo.
Se fue murmurando "¿quién confunde mariposas con pajaritos?". No
podía explicarlo pero para ella estaba muy claro. Lo que revoloteaba alrededor
de su cabeza eran mariposas. Hermosas. Inundaban sus pensamientos siempre. Desde siempre. Le susurraban
historias de otra gente, de otras vidas, de otros tiempos y lugares. Caprichosas,
iban y venían en constante desorden, amontonándose, aturdiéndola. Por momentos
las consideraba una maldición. La atormentaban. La distraían de las cosas “importantes”
de la vida. Pero se había acostumbrado a su presencia y las necesitaba. Ellas eran otro lado de su
realidad. El lado fantástico. Llenaban los espacios en blanco, los silencios de
la realidad. Y cuando llegaba la noche, precisamente cuando se estaba por
dormir, unas pocas volvían y volvían hasta que, finalmente, alguna se
quedaba enredada en su pelo. Entonces ella podía escucharlas y dejarse
llevar. En efecto: podía volar con ellas…
Eran claramente mariposas, no pajaritos… Se le saltaban las
lágrimas de la bronca y volvió a preguntarse "¿Quién confunde mariposas con
pajaritos? “
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