miércoles, 18 de septiembre de 2013

Mariposas

- ¿Sabés lo que pasa?-  le dijo, riéndose, sin saber cuánto daño le causaba. -¡Tenés la cabeza llena de pajaritos! -
 - ¡No son pajaritos, son… mariposas! – comenzó la frase gritando pero la última palabra se le ahogó en el llanto que venía conteniendo. Se fue murmurando "¿quién confunde mariposas con pajaritos?". No podía explicarlo pero para ella estaba muy claro. Lo que revoloteaba alrededor de su cabeza eran mariposas. Hermosas. Inundaban sus pensamientos  siempre. Desde siempre. Le susurraban historias de otra gente, de otras vidas, de otros tiempos y lugares. Caprichosas, iban y venían en constante desorden, amontonándose, aturdiéndola. Por momentos las consideraba una maldición. La atormentaban. La distraían de las cosas “importantes” de la vida. Pero se había acostumbrado a su presencia y  las necesitaba. Ellas eran otro lado de su realidad. El lado fantástico. Llenaban los espacios en blanco, los silencios de la realidad.  Y cuando llegaba la  noche, precisamente cuando se estaba por dormir, unas pocas volvían y volvían hasta que, finalmente, alguna se quedaba enredada en su pelo. Entonces ella podía escucharlas y dejarse llevar.  En efecto: podía volar con ellas…

Eran claramente mariposas, no pajaritos… Se le saltaban las lágrimas de la bronca y volvió a preguntarse "¿Quién confunde mariposas con pajaritos? “

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