Tormenta
Se desperezaba despacito con la certeza de que estaba sola en la casa. Podía escuchar los ruidos que venían de la calle, ya que la casa estaba en completo
silencio como todas las mañanas. Se levantó y se vio frente al espejo. No
estaba segura de gustarle su apariencia. Cursando sus treintas, la imagen que
el espejo le devolvía era un poco aniñada y frágil. Con su pelo largo y oscuro
atado en una trenza, reforzaba esa imagen. Pero sus ojeras contrastaban con su
palidez y la hacían ver algo vieja y cansada. Se sintió
malhumorada. El ruido del viento fuerte en las hojas y las ventanas le hizo
desear quedarse todo el día en la cama. Era hermoso escuchar la tormenta desde
la cama. Tapada hasta la nariz. Porque era una hermosura mezclada con miedo. El
ruido del primer trueno casi le impide escuchar el teléfono. Respondió sin
ganas:
- Sí –
- Hey, qué humor ¿ya enojada, tan
temprano? – era la voz de su madre.
- Es que estaba durmiendo.-
intentó no ser agresiva.
- Ahhh es que yo madrugué, como
siempre, y no me dí cuenta de la hora... –
- Nunca te das cuenta de nada –
se le escapó en voz alta. –
- Siempre la misma vos, mejor hablamos
en otro momento – sonaba ofendida.
- Siempre la misma, vos – y
cortó. – Para variar. –
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